domingo, 28 de septiembre de 2014

Por qué pensar en el bien común y cuidar del planeta es un buen negocio

Vivimos en un mundo muy diferente al de nuestros padres. Las jerarquías se desmoronan y la organización social ahora es en red. Cambian las reglas del juego. Ya no está bien visto abusar de autoridad, maltratar a la Naturaleza, ni en definitiva ser egoísta.
Con algunos de los ponentes y organizadores (Xàbia Idea, Ayuntamiento y Rodando Ecomensajería) de las Jornadas de Emprendedurismo


Vivimos en un mundo en red
Aproximadamente, cada 5 mil y pico años (ya lo decían los Mayas), la humanidad da un salto evolutivo, organizándose socialmente según una estructuración cada vez más compleja, definiendo así diferentes Eras en las que la consciencia colectiva incorpora un aprendizaje nuevo en la forma de interactuar a nivel individual y grupal.

Hace más de 10.500 años, dejamos un estilo de vida nómada gracias al empuje de la mujer, que inventó la agricultura. Nos asentamos en pequeños poblados y nos organizamos en disposición circular, reunidos en torno al fuego. Y a la vez, como la figura bidimensional que es el círculo era como proyectábamos el mundo, cristalizamos inventos y creaciones con esta forma, como la rueda o los monumentos circulares que servían para realizar rituales y ofrendas a los dioses de la naturaleza.
Se trataba de una sociedad que estaba muy en contacto con la naturaleza y cuya organización social era igualitaria matriarcal, definida ésta por la energía femenina (unir, crear y sentir).  La humanidad a lo largo de esta Era aprendió a vivir en comunidad.

Cinco mil y pico años más tarde, esta vez gracias al empuje del hombre, que inició el trueque entre diferentes poblados, la organización bidimensional dejó de ser suficiente para albergar la complejidad cada vez mayor de la sociedad. Empezamos a estructurarnos de forma jerárquica. Creamos las primeras ciudades y pasamos al patriarcado. Como reflejo de la consciencia colectiva, la humanidad empezó a cristalizar pirámides por todo el mundo…

La organización social se definía por la energía masculina (dividir, actuar y pensar), y fue una Era que sirvió para transformar la materia, aunque también para generar división (mente-cuerpo y entre personas) y para que surgieran nuestros miedos sociales, convirtiéndonos en individualistas. Pero también aprendimos a intercambiar objetos, ideas, cultura, arte, etc.

Y ahora, desde no hace mucho, resulta que la organización social tridimensional se está quedando obsoleta, y empezamos a estructurarnos en cuatro dimensiones. En un mundo globalizado es la red, y no los límites de las ciudades, la que nos vertebra y define nuestras relaciones. Y desde hace un tiempo a esta parte hemos empezado a cristalizar redes: internet, redes de distribución de gas, de electricidad, redes de transporte, etc.



Todo comenzó hace algo más de cien años gracias al empuje de la mujer, con las sufragistas que demandaban el voto femenino, después vinieron las trabajadoras en las fábricas que empezaron a elegir su independencia económica frente a la sumisión que exigía la estructura jerárquica familiar, y la píldora anticonceptiva, llevando a la desestructuración de las pirámides más básicas…

Por lo tanto volvemos otra vez a una sociedad igualitaria, definida por la energía femenina de unir, crear y sentir, en la que cambian radicalmente los valores de los más de 5 mil años anteriores –enmarcados en lo que conocemos como Historia-. Vivimos ya en un mundo en el estos vuelven a estar definidos por el contacto con la naturaleza y por la igualdad social, y no por el individualismo.

Hemos comenzado una Era, la Era del Ser, en la que la clave del éxito es el crecimiento personal, ya que dejamos atrás las relaciones co-dependientes y desequilibradas de la jerarquía, para dirigir nuestra atención hacia adentro, superar nuestros miedos, descubrir nuestros talentos, y poner estos al servicio de la demanda social, no desde el individualismo y el egoísmo (que solo busca el beneficio propio), sino desde el auto-reconocimiento de nuestro propio valor individual que necesita ser expresado.

En otras palabras, en el futuro no vamos a querer jubilarnos porque nuestra pasión será nuestro trabajo. Nos ganaremos la vida y disfrutaremos de ella poniendo en práctica lo que mejor se nos da, aquellas cualidades que surgen de nuestros talentos.

¿Y qué pasa si no pienso en el bien común?
En un mundo jerárquico, si solo piensas en ti, tendrás tu propia pirámide. Serás tú quien acumula una buena parte de los recursos a tu disposición con el fin de distribuir lo justo a los que están debajo de ti, a cambio de lealtad.

Pero en un mundo en red, la pirámide es una estructura demasiado rígida y no permite la adaptación a un mercado en un mundo globalizado que está continuamente cambiando y fluctuando. Si pretendes ser egoísta, acumular recursos y destruir la naturaleza, llegará un momento en el que te quedarás solo, sin socios, sin proveedores y sin clientes. Y si resistes la clásica inercia de quedarte quieto y no hacer nada, no te quedará otra que gastar tu dinero en mantener un sistema (tu empresa) sobredimensionado y por tanto insostenible.

Mientras, aquellos que ponen el foco en el bien común, en lo que es bueno para los demás pero también para mí y para la sociedad en la que vivo, se verán compensados por su honestidad con más contratos y más asociaciones.

En una red, la cuarta dimensión es el tiempo; los nodos se conectan entre sí en función de la demanda. Traducido esto a la economía y las empresas: las asociaciones comerciales son puntuales y temporales, definidas únicamente por la demanda y con el único vínculo de la confianza. La oferta de colaboradores en un mundo en red es amplia, y la vinculación contractual cuando los servicios se externalizan es nula. Te llamarán y querrán trabajar contigo sólo si has demostrado tu ética y tu profesionalidad….

Y para ser ético y de fiar, tienes que haber superado tus miedos y condicionamientos, has de trabajar en base a tus talentos y dar lo mejor de ti… En otras palabras, no te queda otra que conocerte mejor. Por eso creo que esta Era es la del Ser.

¿Y qué pasa si no pienso en la naturaleza?
En un mundo jerárquico, no pasa nada si no piensas en la naturaleza. Alguien se tiene que aprovechar de las cosas, y más vale que seas tú el más espabilado… Pero ya sabemos que esto tiene un límite. Sólo una pequeña parte de la población puede aprovecharse de esta manera…

Se decía que un 20% de la población explota un 80% de los recursos, o acumula un 80% de la riqueza. Pero últimamente esta proporción ha basculado aún más, generando tremendas desigualdades sociales que están en la base de todas las revoluciones sociales que conocemos desde el 2008. Y es que la avaricia tiene un límite.

En un mundo globalizado hemos empezado a comprender la importancia que tiene el cuidado de la naturaleza para el bien común…, es decir, para los demás, para la sociedad en la que vivimos, y por tanto, también para nuestra felicidad y bienestar personal, que en definitiva depende por encima de todo de nuestra sensación de bienestar en la comunidad en la que vivimos. Si mi casa está limpia, bonita y cuidada, y la gente en ella vive en armonía, yo me sentiré feliz… Pues lo mismo con mi planeta.

Ya hemos hablado antes de lo importante que es mostrarte como una persona digna de confianza que piensa en el bien común. Pues como se puede deducir de esto, cuidar del medioambiente supone un plus importante en un mundo globalizado. Y por si fuera poco, desarrollar la sensibilidad para con la naturaleza también ayuda a que seas más sensible hacia los demás seres humanos, aumentando tu consciencia y tu autoconocimiento….

Pero ojo, no vale hacer como que cuidas la naturaleza. Hay que hacerlo de verdad, desde la coherencia, la ética y el sentir. Y es que en un mundo en red, se pilla antes a un mentiroso que a un cojo…, y un error en los negocios y en tu proyección social puede desprestigiar y mucho tu marca personal.




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