sábado, 3 de agosto de 2013

Un mundo en red, como nuestros primos los bonobos

Pareja de bonobos arropando a su bebé
Nuestros primos los chimpancés y los bonobos se parecen a nosotros en un 98% de su genoma, pero entre ellos existen a su vez unas diferencias culturales notables, condicionadas por el ambiente y mantenidas por su cultura, que también podemos observar en nosotros. Los chimpancés son agresivos y tecnológicos, mientras que los bonobos son cooperantes, incluso con otros clanes, pacíficos y crean relaciones y vínculos fuertes entre miembros adultos, juveniles, machos y hembras.

Investigaciones científicas indican que ambos se diferenciaron como especie hace unos 1,5 a 2 millones de años, cuando se formo el río Congo. Los bonobos se quedaron en el lado en el que había más vegetación y por tanto, había más disponibilidad de comida. Esto permitió que las hembras, que requieren más alimento para cuidar de las crías, creasen coaliciones.
La dinámica social que surge de las hembras, como ocurre en las sociedades de bonobos, es la de mantener una buenas relaciones con los demás miembros, y es que a las hembras les interesa no sólo la supervivencia de sus descendientes, sino también de los hijos de los hijos. Si la red social es amplia, ésta garantiza la supervivencia de su linaje aunque el individuo ya no esté.
Al contrario, en las sociedades de chimpancés, más centradas en la caza y por tanto carnívoras, el foco está en reproducirse individualmente, lo que lleva a grupos más agresivos y competitivos.
Las jerarquías en las sociedades de chimpancés, que están formadas por coaliciones de machos, son rígidas y verticales, mientras que en los bonobos son fluidas y cambiantes. El sexo se usa de diferente manera entre ambos primates: sólo para la reproducción en el caso de los chimpancés y como catalizador de relaciones sociales en los bonobos. Los bonobos juegan en todas las etapas de la vida, mientras que sus primos sólo cuando son pequeños. Y los chimpancés son tremendamente xenófobos, mientras que por el contrario, los bonobos se llevan bien incluso con otros clanes.

Estas dos dinámicas se parecen mucho a las que manifiesta la Humanidad en cada Era. Los 5 mil años del neolítico comenzaron y se caracterizaron por la coalición entre las mujeres, quienes hicieron posible la agricultura y por tanto la abundancia de alimento. Al igual que sucede con los bonobos, esta situación permitió que las mujeres impusieran una cultura de la tolerancia, que luego ellas a su vez se encargaron de mantener.
Pero luego la organización social de la Humanidad se hizo más compleja, y empezamos a ordenarnos de manera jerárquica cuando creamos las primeras ciudades. Es un movimiento, esta vez del hombre, a través del trueque y el comercio de sal y metales primero, lo que lleva a la Humanidad a necesitar más de lo que tiene y por tanto a defenderse de quién se lo quiere quitar, y así a crear jerarquías. Empezamos a actuar como nuestros primos los chimpancés.
De esta manera ha existido la Humanidad, en un patriarcado, durante los últimos 5 mil años, hasta que en el último siglo, pero en especial desde la década de los ’50, empieza a producirse otra vez una transición, esta vez entre la predominancia masculina vuelta al matriarcado.

Gracias a la abundancia de alimento, posible mediante los métodos de explotación agrícola que existen desde hace poco más de 60 años, sumado a la revaloración de la agricultura local, y gracias a la abundancia de bienes de consumo que ha traído la tecnología y extendido a todos los estratos sociales la entrada al mercado laboral de la mujer, cambiamos una vez más la manera en la que la sociedad se organiza.
De una organización en círculo en el neolítico, a una organización jerárquica durante la Era de nuestra Historia (escrita), pasamos ahora a una organización tetradimensional. En un mundo globalizado las ciudades no son fronteras y la organización social es en red.

¿Qué relación hay entre una sociedad en al que la tecnología está socializada y la emergencia de la mujer? Fijémonos en una sociedad del mundo en desarrollo –antes conocido como “tercer mundo”. Son patriarcales y la jerarquía está muy marcada incluso en las familias. La mujer no está liberada, sino que su existencia se limita a servir al marido y reproducir hijos. Estas sociedades se caracterizan por altos niveles de pobreza y un número importante de descendientes por familia.
Cuando una sociedad se desarrolla, la mujer se independiza y entra en el mercado laborar, o mejor dicho, son las sociedades en las que la mujer se independiza, las que prosperan económicamente. ¿Por qué? Porque ellas son más racionales y sostenibles con la gestión de los recursos que los hombres, porque con su independencia se convierten en agentes de cambio de la sociedad, aportando sus valores sociales, porque al salir del papel de mera reproductora-servidora y al tener menos prole, se invierte la pirámide demográfica, envejece la población, lo que a su vez contribuye a una sociedad más madura emocionalmente, menos impulsiva en sus actuaciones, y que tiene más tiempo para desarrollarse interiormente.


Volvemos al matriarcado y a una sociedad que se parece más a la de los bonobos. Curiosamente, hasta hace muy poco, no se supo que chimpancés y bonobos eran dos especies diferentes a causa de sus similitudes físicas. De hecho, solo recientemente se ha empezado a estudiar a nuestros primos más pacíficos.

En la comparación entre chimpancés y bonobos podemos ver de qué manera evoluciona nuestra sociedad según los recursos. Y en una reflexión más profunda, podemos observar que en cada cambio de Era, cada 5 mil años, la Humanidad socializa y distribuye un tipo de necesidad: primero el alimento, después los objetos, y en un mundo en red, el conocimiento; todo esto en un movimiento cíclico de creación, en las Eras femeninas, y transformación en las masculinas.

Os dejo a continuación el episodio del programa Redes que ha motivado mi reflexión sobre la comparación de entre el cambio de Era de la Humanidad y las sociedades de nuestros primos evolutivos.


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