martes, 2 de julio de 2013

La importancia de tomar un café

En un mundo en red lo más importante es la buena comunicación entre las personas, la comunicación positiva, que es como me gusta más llamar a la comunicación no violenta.

La comunicación violenta es aquella que divide a las personas. Así por ejemplo, es comunicación no violenta no hablar, por ejemplo, por enfado, con alguien, porque esto hace que las relaciones se enfríen y se separen. Y también es comunicación violenta hablar de forma pretenciosa, criticar, gritar, hablar de otros, no decir la verdad, etc.

En un mundo en red debemos cultivar la comunicación que une a las personas. Nuestra sociedad mediterránea sabe mucho de esto. Somos muy comunicadores, y aprovechamos para ellos los espacios públicos, como los bares o la plaza del pueblo.
Pero la comunicación positiva debe también incluir un tono de voz moderado y un contenido con sentido, y no es suficiente con pegar voces en un bar, que si bien puede darnos un sentido de pertenencia al grupo, el alboroto sin embargo produce el efecto de alienarnos de nosotros mismos. Y la primera comunicación positiva ha de darse con uno mismo, debe ser el diálogo interior, y esto sólo ocurre en espacios no ruidosos y armónicos. En un mundo en red, hemos de ser coherentes y estar conectados con nosotros mismos y nuestros talentos.

Al final de la Era piramidal, que ahora vemos como un período lleno de exageraciones absurdas, aquellos que querían “vender la moto” citaban a sus potenciales clientes en un restaurante caro, y sobre sabrosas langostas y buen vino se han cerrado muchos pactos poco claros y aprovechados.

Es verdad que el modelo de slow city, muy en sintonía con el mundo en red, habla de las bondades de la buena mesa y de las largas conversaciones compartidas, y esto es definitivamente una situación que favorece la comunicación positiva.
Pero las diferencias entre estos dos escenarios están en la estridencia y la fastuosidad del primero, en oposición a la sostenibilidad y tranquilidad del segundo. Y sobre todo, en que en el primero el “vendedor” aprovecha la saturación de los sentidos y la anestesia mental producida por un opíparo ágape regado con abundantes cantidades de alcohol como muletillas que suplen una falta de poder personal para convencer de algo cuyo fin es de dudosa moral.
De todas formas, el formato comida o cena es demasiado largo para un mundo en red, y además es demasiado costoso. Hay que relacionarse, pero no ir por ahí de comidas, y menos invitando a la gente a almorzar o comer. Eso no es relacionarse en red, sino ir de “jefe moro”. Y lo de “això ho pague jo” la verdad es que es muy piramidal.

En red hay que ser uno mismo, ser coherente y comunicar de manera positiva con los demás, pero también hay que ser rápido, breve y diverso. Así pues, aquel que mantenga relaciones variadas y en las que uno no se va por las ramas, sino que es capaz de concretar y comunicar lo justo y necesario para ir al grano, es quien tendrá mayor ventaja adaptativa en un mundo en red.
Se dice que una presentación debe durar lo que un viaje en ascensor, pero se me antoja un tanto frío este espacio, además de que resulta difícil mantener en un cubículo de poco más de un metro cuadrado un lenguaje no verbal positivo y abierto (podría ser mal interpretado), sincero e interesado en la conversación del otro.
Por eso creo que el formato ideal para las relaciones y la buena comunicación entre las personas es el café. En un espacio entre 10 y 30 minutos tienes la oportunidad de compartir información con una o varias personas e incluso conocer a gente nueva, y es que el café es un “sistema abierto” a que entre gente nueva y se siente en la mesa (a diferencia de cuando se comparten comidas). Como es tan poco tiempo, no te puedes ir por las ramas y perder el tiempo con anécdotas triviales. Pero además, lo más curioso, es que en las interacciones breves con los demás somos más auténticos, más nosotros mismos, y nuestra intuición está más activa. Mientras que cuanto más tiempo dura un encuentro, más probabilidades tenemos de proyectar sobre el otro, de que se activen nuestras defensas y de que nos acomodemos al otro.
Y por cierto, no vale tomarse ese café en la oficina. Hay que salir fuera. En el lugar de trabajo uno tiene muchos patrones viciados y no puede desconectar. Tomar un café en un bar puede despejarte y abrirte la mente, puede hacerte creativo, te permite relacionarte con otros, tener encuentros inesperados y sacar lo mejor de ti.

¿Nos hacemos un café?





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